| El Estudiantes, un club peculiar
Publicado en el diario Marca (11-01-2004)
PEPE LASO
No es noticia la apurada clasificación del Estudiantes
para la Copa, como tampoco sería un milagro que obtuvieran
un éxito en esa competición que tanto les va.
La última noticia de esta gente ha sido la renovación
de por vida de uno de los jugadores más determinantes de
la liga ACB. La foto de Jiménez con Juan
Martínez Arroyo, genuino representante del carácter
de los jugadores estudiantiles, evidencia una forma de ser de un
club capaz de aunar -en un momento tan profesional como el baloncesto
actual- un concepto ‘amateur’- amigo-colegio-amor propio.
La familia estudiantil representa una especie única de sangre
azul baloncestística en la que, salvo excepciones, sus jugadores
sólo triunfan cobijados en el ‘glamour’ del Ramiro.
Los dirigentes y los jugadores
Gran parte del mérito de este club son sus dirigentes por
su estilo protector, aunque sus negociaciones no siempre se vean
culminadas con el éxito. La forma en que supieron perdonar
la marcha de un enfadado Azofra a Sevilla y como
han conseguido hacer olvidar aquella historia o el retorno de Alfonso
Reyes de su paso por el baloncesto francés
e incluso, la protección a Felipe cuando,
legítimamente, peleaba por sus dineros, son muestras de un
señorío que se palpaba antes en las gradas de la calle
Goya y ahora en las de Carabanchel, en las que se acomodan una larga
historia de miembros de la especie.
El jugador estudiantil no suele perdurar en su pasión por
el baloncesto después de retirado. Da la sensación
de estar de paso, de jugar sólo a un divertido juego, pero
conocedor de que será una etapa corta de su vida. Sin embargo,
su fidelidad al club es eterna.
La demencia
La demencia es el vivo reflejo de la forma de ser de una juventud
también de paso, con fecha de caducidad, cachonda e imaginativa:
lo de Alfonso y la ‘mopa’ tiene su guasa. Es gente bien
y como sus jugadores, necesitan sentirse un poco ácratas
y lo reflejan siendo del Atlético (como el Príncipe
Felipe) pero como él, tienen calefacción
en casa y, sobre todo, ganen o pierdan no se les arruina la fiesta
y caen unas cañitas.
Los entrenadores
Durante unos años el ‘ejerciente’ como jefe se
asomaba al ventanal del Ramiro y entre el enjambre de entrenadores,
buscaba uno que destacase para dirigir el primer equipo. Tras el
profesional Jesús Codina vino Garrido,
ya hace años. Lo hizo bien, pero su carrera terminó
prácticamente allí, en las puertas del colegio. Tras
él Miguel Ángel
Martín, con un recorrido parecido, éxitos
en casa y un efímero paso por el Real Madrid tras el cual,
casi el ostracismo. Otra vez al ventanal y esta vez el elegido fue
‘Pepu’ Hernández. Como los anteriores,
correcto, propio de la casa, maestro de colegio, pero no catedrático
para sacar el jugo a un cuadro que podría aspirar a lo más
alto del basket español. No es difícil imaginar este
grupo en manos del mejor Aíto -también
de la familia- o sus jugadores exprimidos por catedráticos
tan exigentes como Ivanovic o Messina.
No seré yo quien critique a la gente de sangre azul, sobre
todo no moviéndome como a ellos el amor. Como bien sabe Juan
Martínez Arroyo, yo pertenecía a la otra orilla, a
la del Real Madrid, pero la admiración, sentimiento de mucho
más largo recorrido, si me permite soñar con ver un
‘Estu’ campeón. Ese día los palestinos
de la Demencia serán libres.
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