| Aquel tiempo en que éramos mejores...
Rapsodia en gris
Recogido en el web www.tarso.com
JOAN CERDÀ
Árbitros. Un mundo aparte en el universo del baloncesto. Un planeta
cerrado, al que se mira con recelo y a veces, con algo de desprecio.
" No fueron jugadores, no entrenan, no los quieren para directivos
ni sirven como delegados ". Incluso los jugadores y entrenadores
más calmados despachan el asunto con un "... déjalos. En la pista
son más fuertes que nosotros y de nada sirven los enfrentamientos
".
Pero no es mi intención propinar un soberbio capón a la clase arbitral.
Al contrario: Los juicios anteriores sólo deben aplicarse a quienes
arbitran sólo por afán de protagonismo o en busca del cada vez más
crecido " recibo "-esa crisis...-olvidándose que juegan con el dinero,
las ilusiones, e influyen decisivamente en la formación de los más
jóvenes. Quiero dedicar estas líneas a plasmar mis recuerdos y anécdotas
teniendo al color gris como común denominador.
Quiero recordar con cariño y nostalgia a unos hombres que, seguro,
arbitraran y arbitran aún por algo más que unas pesetas. Otra constante
será el referirme sólo a hechos acaecidos en categorías inferiores.
Algunos nombres serán de sobra conocidos, otros no pasaron de pitar
escolares.
Para empezar, un hombre que llegó a la cumbre, Vilagrasa,
D. Mateo. Uno de los mejores arbitrando juniors. Antes del
partido, se tomaba la molestia de calentar. Durante el encuentro,
corría como el que más. Mostraba el mismo interés y profesionalidad
que si estuviera arbitrando a los grandes de la Liga. Muchos jugadores
aprendieron con el a defender una línea de fondo, sabía aguantar
con cuatro faltas al mejor jugador del equipo débil. Era, en suma,
un educador. Para él, era lo mismo un modesto junior que la deslumbrante
Liga. En cambio, de Carlos Bagué, el mejor sin discusión,
no es precisamente un especialista en categorías inferiores. Aun
recordamos un encuentro de minibasket, disputado en Mataró, en el
que consiguió hacer llorar de rabia y tristeza a unos jugadores
de " mini ", señalándoles varias faltas intencionadas y demostrando
unos modos válidos para hombres pero no para niños. Otro que tampoco
servía para estas categoría era José María Gavaldá, que pasaba
muchísimo de los jugadores durante el encuentro, llegando incluso
al sarcasmo. En la misma línea, Torrent, siendo su especialidad
no moverse del centro de la pista, imaginando sus decisiones, más
que viendo. En cambio, Torrent junior apunta unas excelentes maneras.
Uno de los casos más excepcionales lo protagonizó Velasco, hace
unos pocos años; es la única ocasión en que el árbitro, en vez de
resultar agredido, arremetió contra un jugador del club deportivo
Layetano. Claro que era un equipo de Tercera... El castigo, una
simple amonestación. Otro árbitro merecedor de figurar en estas
líneas es el " primera B " Ollero, buen árbitro a nuestro
juicio, y un excelente juez en categorías inferiores. Su principal
característica es una fortísima personalidad, que a veces roza la
chulería. No permite la más mínima protesta a los jugadores. Sin
embargo, cuando es él quien juega, protesta y se queja hasta aburrirse
al árbitro. Es de lo más difícil quitarle a Ollero...
Los de a pie
Son personas, árbitros que jamás coronaron su sueño. Se quedaron
encallados en la mañana del domingo, pasando frío buscando el rinconcito
donde tocaba el sol, atizándose el típico carajillo con los auxiliares
de mesa, viejos conocidos. Juvenil, después el junior y a sufrir
con los indomables seniors de tercera... Era la rutina amada. Porque
aquellos árbitros amaban su papel. Disfrutaban y, durante unas horas,
eran seres importantes. Quién no recuerda a Balasch (viejo
conocido de los aficionados catalanes) con su bocata de chorizo,
su faria, su perro y su eterna sonrisa... Tenía una peculiar manera
de arbitrar. El diálogo era constante y positivo; jamás se le escapaba
un partido.
Remontándome a mi época de jugador escolar, recuerdo la extrañeza
que nos causaba a todos la peculiar manera de arbitrar de un joven
colegiado. Creo que ya fallecido, era Calvo. Gesticulaba,
saltaba al señalizar las faltas, adoptaba unas posturas la mar de
raras. A nosotros, aún niños, todo aquello nos parecía muy
de yankilandia. Años después nos dimos cuenta de que nos habíamos
encontrado con el primer árbitro que vibraba con su cometido, que
se integraba en el juego.
Desgraciadamente, se retiró muy pronto, habiendo podido llegar
muy lejos.
Llega un momento en que la anécdota, dulce o agria, sustituye al
nombre propio. Un árbitro que llegó a figurar en Primera " B " consiguió
chamuscarse los bajos de los pantalones, ante el regocijo general,
al intentar secar con gasolina una cancha húmeda; el secreto de
su éxito, encender el fósforo y quedarse medio del combustible.
Otro colegiado señaló técnica a un jugador que se encontraba a sus
espaldas por un presunto corte de mangas. Claro como como el árbitro
era estrábico, su visión marginal le permitió tal hazaña, suponemos...
Los más veteranos sienten una especial debilidad por el " calentamiento
solar ", que consiste en no moverse del pedacito de pista donde
a las nueve de la mañana ya calienta el sol. Otros, para estar en
mejor forma, no tienen inconveniente en castigarse con unos buenos
cigarrillos antes de que se inicie el partido de los seniors.
Unos son caseros, otros suicidas. " Un tiro y remate... " anuncian
alguna vez. Me acuerdo del taxista, del abuelete, del " Íñigo ",
tampoco podía faltar " pesadez ". Son parte de nuestra familia,
compañeros de victorias y derrotas, robos y regalos. Son los emperadores
del domingo, reyes por unas horas de unas canchas cubiertas tan
sólo por el aire y las estrellas. |