| El arbitraje de base
Publicado en el web www.basketjavier.com
JAVIER MORILLO (entrenador del CB Juan de Austria-Alcalá)
Desde hace algún tiempo los medios especializados españoles
cuentan y no paran de las excelencias del arbitraje en nuestro país,
situado a la cabeza del baloncesto FIBA por obra y gracia de nuestros
colegiados más internacionales.
Debo confesar que estoy de acuerdo con esta afirmación,
pero con ciertos reparos. Dado que esta es una página dedicada
a la formación no puedo menos que intentar extrapolar esta
opinión a lo que vivimos semana tras semana, y que realmente
forma la mayor parte del baloncesto que se practica alrededor del
mundo: el baloncesto no profesional.
Desgraciadamente para todos nosotros, el nivel de nuestros árbitros
no ha crecido como era de esperar. No es un problema físico
o técnico, ya que los colegiados de hoy se encuentran mucho
mejor preparados, tanto física como técnicamente,
que los que dirigían partidos hace unos años. El problema
es otro muy distinto, pero tan básico e importante que resulta
triste comprobar lo que está pasando: nuestros árbitros
no entienden el juego. ¿Qué significa esto?. Significa
que se carece de capacidad de adaptación, que se intenta
imponer un determinado criterio sin tener en cuenta el desarrollo
de los partidos, que se peca, muchas veces, de un innecesario protagonismo
que a nadie beneficia, ni siquiera al propio árbitro. Puede
que muchas veces se nos olvide que esto es simple y llanamente un
juego, y que debe mantenerse en unos cauces determinados de deportividad,
respeto, educación y diversión.
Según la opinión de muchos (me incluyo en el grupo),
nuestro mejor árbitro (ACB e internacional) es Miguelo
Betancor. Estoy seguro que muchos de vosotros habréis
podido observar cómo en los partidos que dirige no tiene
ningún problema en mantener discusiones con jugadores y entrenadores.
¿Dónde está ese nivel de relación en
las categorías que la mayoría de nosotros trabajamos?.
La mayoría de las veces, cuando intentas conversar con un
árbitro varias veces en el mismo partido se acaba agotando
su (escasa) paciencia y amenazándote con la sanción
de una falta técnica. La amenaza no suele ser en vano ya
que, en muchas ocasiones (demasiadas para el gusto de quien lo sufre)
la amenaza acaba tornándose en hecho y a uno le sancionan
con una técnica cuando lo único que pretendía
era intentar comprender cual era el criterio aplicado por el árbitro
en ese momento.
Entiendo que ciertas sanciones son lo suficientemente graves como
para ser utilizadas sólo y exclusivamente cuando la situación
lo requiere, y no como arma intimidatoria por parte del árbitro.
Pero cuidado, esta afirmación sólo es válida
siempre y cuando el nivel de respeto del jugador o entrenador hacia
el árbitro sea el adecuado y se mantenga la compostura, no
pequemos de realizar determinadas exigencias que sólo son
válidas desde nuestro punto de vista.
Sería deseable, por parte de todos, que se realizase un
esfuerzo para conseguir el nivel de complicidad entre los distintos
componentes del juego: jugadores, entrenadores y árbitros,
Será necesario que todos comprendamos que estamos ante un
juego, más o menos competitivo, pero un juego a fin de cuentas.
Será necesario que todos sepamos respetar la parcela de terreno
que nos corresponde y corresponde a los demás, pero sin querer
pensar que cada uno está en posesión de la certeza
absoluta. Será necesario que seamos capaces de aceptar como
propios los errores que cometemos, que son muchos, y no pretender
exigir a los demás lo que quizá nosotros no seríamos
capaces de realizar. Será necesario, en suma, que después
de cada partido podamos quedar todos como amigos, jugadores, árbitros
y entrenadores, contentos de haber pasado un rato agradable y satisfechos
de haberlo conseguido entre todos. Hagamos ese esfuerzo, que estoy
seguro que merecerá la pena. |