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Gasol se da al rebote en la fiesta del All Star

Publicado en el diario El Mundo (20-02-2006)

ÁNGEL GONZÁLEZ

Minuto 7.19 del mayor show global del baloncesto. Sale Tracy MacGrady; se encienden de golpe los flashes del baloncesto español porque entra el '16' del Oeste: Pau Gasol (Sant Boi, 1980). El larguirucho de 2.16 m. pesa 10 kg. más y ya no es barbilampiño sino barbudo y fenómeno mediático; por igual en los dos lados del Atlántico. Ya no luce con los novatos, ni mira alrededor si hay estrellas... Es una de ellas, especimen único, uno de los presentes al grito de "Pooooow Gaaaaaaasol" en el Toyota Center de Houston (Oeste 120-Este 122).

Cierto, el español (0 puntos, 12 rebotes y 1 asistencia, que es lo de menos), encerrado dos días en un hotel de Houston para curar una amigdalitis, pisaba el más exclusivo de los clubes del planeta del baloncesto. Eso que los americanos llaman All Star, la 'pachanga' de los grandes divos de la canasta. Allí, en el espectáculo que sirve para los egos más descomunales exhiban músculo y talento, y para que la gente se divierta con los ídolos, estuvo Gasol un 20 de febrero de 2006. Y amenaza con no ser su última invitación.

Fundamental que en el show impere el estilo de las burbujas, la fanfarria americana de los símbolos e himnos. Tanto el talento exquisito de McGrady en el Oeste, que estaba ante su público de Houston, necesitado de alegrías por la deprimente marcha de los Rockets, como Lebron James (Cleveland), aquel señalado como heredero de Jordan, tomaron las riendas del ego en sus respectivas conferencias. Por ser el MVP del duelo de los fuegos artificiales. Ganó 'el elegido'.

Gasol se aplica

A cierta distancia, Gasol, discreto en su descaro, se hartó de tragar rebotes y se tiró una, agua, como aperitivo en el primer turno que le concedió Avery Jonhson (Dallas), aquel base-bala de Phoenix reciclado en entrenador novato pero de enorme proyección en dos años. Para lanzarse hasta las pestañas y no mirar si al lado hay otro en mejor postura ya están los fijos, los veteranos o aquellos cachorros sin complejos como LeBron dispuestos a empezar su leyenda a golpe de chupar cámara y balón en cada escenario. Eso sí, Gasol puso cara de oso grizzlie cuando le quitó un rebote al más fiero de los especialistas: Ben Wallace (Detroit).

La importancia del paso dado por pionero español no se explica por pisar un All Star, sino por su pedigrí logrado en Memphis. Esto es más de efecto mediático, cobrar la recompensa al trabajo, que la verdadera dimensión del profesional que triunfa en la Liga más exigente del mundo —siempre bordeando los 20 puntos y los 10 rebotes— durante cinco temporadas consecutivas. El chico no es que haya variado mucho su repertorio de entradas que acaban en mate y ganchos -le cuesta el tiro en suspensión- pero ha mantenido su potencial en puntos y rebotes en una Liga en que los kg. y la clase por dentro se pagan a precio de oro.

La fiesta de las estrellas es simplemente un peldaño en la escalera del reconocimiento que ya antes la podía haber subido. Porque el trabajo se ha fraguado en un lustro de lucha con el músculo afroamericano, del que gasta la mejor generación de ala-pívots a de la historia de la NBA (los Duncan, Garnett, Brand, Jermaine O'Neal, Webber...). Seguir bordeando la frontera de los 20 puntos y 10 rebotes en una Liga tan devoradora de mitos, tan asfixiante de partidos como la NBA esta vez sí tuvo premio. Porque ese servicio está al alcance de poca gente. Llegó su hora al fin.

Ahora sí, Gasol es el jefe de Memphis, la primera y más fiable opción en un grupo que puede empezar a mirar a los playoffs con regularidad. Y no es que este curso, especialmente, sus prestaciones se hayan disparado respecto a la trayectoria de los tres anteriores de aventura americana. Es que al fin, los técnicos se han fijado en la importancia real del español, en el primer grizzlie que pisa un All Star.

La cuestión es que ya no hay factores externos (desde el propio desprecio a lo extranjero de sus comienzos hasta los bases anarquistas como Jason Williams o aleros egoistas) para que Gasol sea el hombre-franquicia, el elemento de más valor del equipo de Tennessee. En definitiva, el jefe con el que hay que contar para jugarse la última. Lo dice su contrato y sus números ya sin ningún elemento de distorsión de por medio. Sin disimulo, Gasol es un valor estrella y ya tiene el respeto de toda la Liga. Desde los jornaleros hasta los más divos, de los entrenadores que le tildaban de 'blandito' a los árbitros que antes le escamoteaban faltas. "Gasol es sin discusión la pieza más valiosa de una franquicia con una solida estructura en crecimiento como es Memphis", decía el Comisionado David Stern en las vísperas.

McGrady y LeBron, por el MVP

El chico no desentonó entre los grandes en un espectáculo dado a repartir minutos entre reservas y dar el protagonismo a los figurones, que para eso han sido elegidos por el público on line. El técnico del Oeste Avery Johnson dejó lucir el palmito a Gasol unos 14.13 minutos porque hay que regalar para todos en una Liga promocionada, con jugadores y televisión, por todo el mundo. Así es la nueva aldea global de la NBA. Como siempre, se trata de un especio para el lucimiento, y en eso Lebron James y Tracy McGrady son únicos, ya que Kobe Bryant no estaba por la labor de robar protagonismo en el Oeste al de Houston, por lo menos en un principio.

En la segunda tanda de minutos, Gasol se lanzó dos en el tercer cuarto y se topó con Ben Wallace, un tipo al que el talento le ha bendecido para el trabajo oscuro de los rebotes y tapones. Y la defensa. 'La bestia' de Detroit, así es donde más le luce su escaso talento, le colocó dos gorros por la ansiedad de español por estrenar su casillero de puntos. El de rebotes, sobrado: 12 -6 en cada tablero- le daban como máximo del partido. Curioso, más que en Memphis con muchos menos minutos, pero con menos protagonismo y lucimiento para su indiscutible pedigrí.

Desde luego, Gasol lanzó menos que el francés Parker, por ejemplo e infinitamente menos que los dos descarados que iban a por el MVP: LeBron y McGrady. Difícil calibrar los minutos que juega cada general presente para cada técnico. ¿Méritos o egoismos? Entre canastas, mates, alley hoops y toda la parafernalia para salir en los highligths se llegó a un resultado apretado de las dos conferencias al final. Los figurones entendieron que el protagonismo era suyo. MacGrady y su amigo Bryant por el Oeste; Iverson y LeBron a pachas por el Este.

Lo de menos era el resultado sino decidir quien era el valiente que decidía el pulso entre los dos poderes. Tan anécdotico como que Gasol fuera el único de los presentes que no viera el aro. Con tres tiros, y si en dos de ellos tienes enfrente al aguafiestas Wallace, no se puede decir que sea una deshonra en su primer All Star. El caso es que el Oeste, cuando se llegó a un 122-120 desfavorable, se entregó a una frivolidad de McGrady que acabó con los de la orilla atlántica llevándose el duelo. Y LeBron (29 puntos, 6 rebotes, 2 asistencias y dos robos), que fue el que más empeño puso desde el inicio, se llevó el MVP. Y Gasol tan contento. Volverá...

 

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