| El día que el baloncesto cambió
para siempre
Publicado en el sitio web Marca.com (28-09-2008)
QUIQUE PEINADO
Hubo un tiempo en que los norteamericanos mandaban a chavales
universitarios a dominar el mundo del baloncesto, días en
los que sin salir del aula daban lecciones del deporte que inventaron.
Eso se acabó hace 20 años, de la mano de unos tipos
muy serios llamados Sabonis, Kurtinaitis,
Marciulionis o Tikhonenko. Fue
el día en el que la Unión Soviética ganó
a los Estados Unidos en la semifinal de los Juegos Olímpicos
de Seúl.
"La próxima vez no traigais vuestra defensa mágica.
Traed a Magic Johnson". Aleksandr
Gomelski, uno de los hombres que 'creó'
el baloncesto europeo, no cabía en sí. El seleccionador
de la Unión Soviética acababa de mandar a los norteamericanos
a luchar por el bronce olímpico, y no pudo evitar chulearse
ante sus homólogos del Imperio. Lo que no sabía aquel
día de finales de septiembre de 1988 era que cuatro años
después, Magic Johnson recuperaría el honor olímpico
para el equipo estadounidense y que la URSS no existiría
para entonces.
Sin excusas
"No hay excusas esta vez, no valen reclamaciones de que nos
han hecho trampas", decía la crónica del 'New
York Times' de la semifinal olímpica de Seúl'88, que
Estados Unidos perdió por 82-76. El equipo universitario,
liderado por el legendario entrenador colegial John Thompson,
acababa de terminar involuntariamente con una era. Hersey
Hawkins, uno de sus mejores tiradores, estaba lesionado,
pero no había excusas. Los David Robinson,
Dan Majerle, Danny Manning, Mitch
Richmond, Stacey Augmon o 'Bimbo'
Coles acababan de enterrar el orgullo del país que
inventó este juego. En 1972 la canasta de Belov
era fuera de tiempo, los norteamericanos habían sido robados,
no 'contaba'. En 1988, sin embargo, el baloncesto del resto del
mundo daba un paso al frente.
"Espero que el público estadounidense sea algo más
sofisticado y no se quede sólo con los resultados. De otra
forma, tendremos que exiliarnos porque no nos van a dejar volver",
decía el entrenador Thompson. Por primera vez, los estadounidenses
tenían que reconocer que algo estaba cambiando. "Son
un equipo muy maduro que nunca se ha puesto nervioso", decía
un imberbe y lleno de calidad Danny Manning, todavía con
sus rodillas intactas, sobre el rival. El análisis era claro:
los europeos progresaban, y había que mandar a los profesionales.
Dos años después, en el Mundial de Argentina'90, los
americanos volvieron a ser bronce. Y en el 92 ya pisó la
cancha del Olímpic de Badalona el 'Dream Team'.
Una victoria contundente
"Gomelski nos dijo que eran buenos jugadores, pero muy emocionales.
Teníamos que evitar que machacaran nuestro aro, porque así
es como se veían arriba. Teníamos que empezar nosotros
machacando", contaba, años después, Sarunas Marciulionis,
al que en aquel partido le quedaba un verano para irse a los Golden
State Warriors. En el segundo ataque soviético, Valeri Tikhonenko
se iba al aro con el objetivo claro de meterla para abajo. Por detrás,
Manning llegaba tarde y sólo podía darle un 'hachazo'
para evitar la canasta. Era un aviso.
Arvydas Sabonis, la gran esperanza soviética, venía
de estar un año y medio parado por una rotura del tendón
de Aquiles. Ya con las dos rodillas forradas de tela, el lituano
era menos de lo que había sido en el Mundial de España,
dos años antes. Sin embargo, contra los estadounidenses hizo
13 puntos y 13 rebotes, su mejor encuentro del torneo, en un duelo
increíble con David Robinson.
Al final, aunque el resultado fue ajustado y el partido, apretado,
los soviéticos ganaron con contundencia. Era la derrota más
humillante de su historia, la primera que les apartaba del oro legítimamente.
La primera vez que abrían los ojos de verdad al baloncesto
que se jugaba cruzando el Océano Atlántico. Se los
hicieron abrir el entrenador Gomelski, Sabonis,
Kurtinaitis, Tarakanov, Tikhonenko,
Volkov, Sokk, Goborov,
Belostenny, Pankrashkin, Homicius,
Miglinieks y Marciulionis. Nombres
que cambiaron el baloncesto para siempre. |