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Pedradas contra el mito Jordan

Publicado en el diario El Mundo (17-09-2001)

VICENTE SALANER

Otra de las noticias que han pasado a segundo plano esta semana ante la magnitud de los atentados en Estados Unidos -es decir: como todas las demás noticias- ha sido la de la más que probable confirmación de que Michael Jordan, a sus 38 años y tras dos temporadas de ausencia de las canchas, vuelve a la práctica del baloncesto en la NBA. El propio Jordan desvió la atención de sí mismo cancelando la conferencia de prensa prevista para anunciar su decisión se espera que en los próximos días lo haga menos espectacularmente, enviando sencillamente por fax una nota.

De toda esta larga historia -llevamos meses espiando los retazos de información que iban saliendo sobre la preparación de Jordan con vistas a su retorno- lo que más le llama a uno la atención es la acritud con la que la crítica estadounidense ha reaccionado. Algo así como ocho de cada diez columnistas critican, o incluso ridiculizan abiertamente, la rentrée del astro: que si no sabe vivir sin la luz de los proyectores, que si no es consciente de su declive, que si más valiera que se quedase lejos para que las jóvenes estrellas puedan seguir su ascenso a la cumbre sin interferencias...Todo esto es pasmoso. Regresa, en correcta condición física -sin lesiones que le disminuyan-, el mejor jugador de la Historia a una liga cuyo seguimiento ha caído en picado desde su marcha, y todos ponen el grito en el cielo.

Tiene 38 años, dicen. ¿Y por qué no claman por la jubilación inmediata de hombres como A.C. Green, de la misma edad? Los pretextos son múltiples, pero la justificación de esas críticas parece bien escasa a veces, anclada en extraños rencores. Cuando un artista, un torero o un baloncestista de primera fila regresan no se debe nunca proferir quejas afirmando que «ya no será el de antes». Como si el Kareem Abdul-Jabbar de 40 años hubiese sido comparable al de 25... Eso ya lo sabemos. Pero cada instante, cada detalle que el personaje excepcional nos vuelva a regalar será un pequeño añadido inesperado, y por eso mismo bienvenido, a una serie de recuerdos luminosos que creíamos definitivamente terminada.

Por eso la única reacción lógica ante el regreso de Jordan debe ser un «¡Bravo!». Recordando el último retorno polémico de una estrella, el de Magic Johnson, podemos decir que el de Jordan comparativamente es más convincente. Por una parte, va a estar en mejor forma que en su día Magic (no olvidemos las circunstancias de la marcha de éste, obligado por ser seropositivo). Y, por otra, no se va a poder decir que frena el progreso de un equipo joven lanzado de nuevo hacia la cumbre como eran entonces los Lakers: los Washington Wizards, inexpertos y sin rumbo, necesitan a Jordan como agua de mayo. Y nosotros también.

 

© cbjuandeaustria.com, 2002
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