| Agujetas
Adaptación al baloncesto de un artículo sobre
ciclismo, publicado en el diario El País por el catedrático
Alejandro Lucía (julio de 2004)
Antes del comienzo de las pretemporadas, todos los baloncestistas,
y sobre todo sus entrenadores (algunos de ellos con escasos, o casi
nulos, conocimientos de preparación física) deben
tener en cuenta una amplia serie de factores. De todo ellos hay
uno que interfiere habitualmente el trabajo físico, y condiciona
el primer mes, por lo que algunos jugadores pueden llegar al comienzo
de las competiciones en una forma física, cuanto menos, no
idónea. Son las agujetas.
Su nombre proviene de esa sensación de agujas que se clavan
en los músculos. Hace unos años, relativamente pocos,
en las Facultades (Medicina, Fisioterapia o Educación Física)
se decía que las agujetas se debían al ácido
láctico o lactato que libera durante el ejercicio el músculo
que ha trabajado intensa y anaeróbicamente, quemando glucosa
para obtener energía. Al enfriarse el músculo tras
el entrenamiento el lactato solidifica y cristaliza, y son esos
“cristalitos” son los que se “clavan” en
las fibras musculares. Esta teoría, demasiado extendida,
ya está obsoleta.
En la actualidad cobra más peso la teoría del sobreesfuerzo
mecánico de la musculatura, lo que provoca micro-traumatismos
fibrilares, dando lugar a una reacción inflamatoria en el
músculo afectado, siendo los glóbulos blancos los
encargados del comienzo de su reparación. El dolor característico
es producido por la rotura celular, de manera que los elementos
del interior celular se vierten al exterior. Entre ellos hay iones
de calcio y de potasio que son elementos irritantes y muy dolorosos,
lo que pone en marcha un mecanismo de inflamación, que llega
a su punto álgido entre las 24 y las 48 horas.
Las agujetas reflejan sobre todo la existencia de daño mecánico
en las fibras musculares: los llamados micro-traumatismos, ya que
es necesario un microscopio para verlos. Las proteínas que
componen las fibras, y que son responsables de la contracción
muscular, se rompen debido a las fuertes tracciones mecánicas
a que son sometidas. Para reponerlas, el cuerpo pone en marcha una
reacción inflamatoria: los glóbulos blancos viajan
a los músculos afectados para comenzar su reparación,
y las células madre o precursoras del músculo, las
llamadas células satélite, ayudan a las fibras lesionadas
a producir nuevas proteínas contráctiles.
Lo malo para los deportistas es que para que sea completo, el proceso
de reparación ha de durar al menos dos semanas. Durante ese
tiempo, el sistema nervioso nos defiende produciendo sensación
de dolor, con la esperanza de que dejemos a los músculos
repararse tranquilos. Lo cual es imposible en una pretemporada,
claro. |