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La final soñada en 2002 no es la de 1986

Publicado en el diario El Mundo (03-06-2002)

VICENTE SALANER

Este viejo cronista ha seguido a los Boston Celtics con fervor desde hace demasiado tiempo como para poder confesar sin algún rubor las fechas de ese viejo amor: digamos que estábamos en el Jurásico superior de la NBA, cuando unos voluminosos televisores nos llevaban hasta Manhattan las imágenes titubeantes, y en blanco y negro, de unos jugadores llamados Russell, Havlicek o Heinsohn.

El adolescente europeo emigrado al otro lado del charco no lo dudó un minuto: el juego colectivo, de contraataques y pases y cortes, de sencillas y límpidas soluciones en ataque, que fluía de las manos de los dos Jones Sam y K.C. que jugaban atrás...eso era baloncesto de verdad, muy superior al juego desordenado e individualista del equipo de nuestra ciudad, los Knicks, que entonces eran malísimos (más o menos como los de 2002). Y si a eso le agregábamos la aterradora intimidación defensiva de Russell algo que nunca había visto uno en toda su tremenda intensidad...y que nunca ha vuelto a ver , pues ya era el acabóse.

Tras la más larga sequía de su historia, los Celtics están hoy a punto de llegar a su primera final en más de tres lustros.Así que el viejo forofo está contento. Y, claro, una nueva final Lakers-Celtics nos devolvería a los años dorados de Magic y Bird.Como en 1986.

Pero, con todo, resulta que a uno le alegraría todavía más otra final diferente, e inédita. El cronista se pone a desear que jueguen los Kings contra los Nets.

Quizá a estas horas del sábado, tras el sexto partido en ambas finales de conferencia, se haya cumplido el deseo; quizá no.En cualquier caso, es un deseo que nace de un compromiso más fuerte aún que el del viejo forofo que sigue a los Celtics desde los años 60: nace del compromiso con el baloncesto verdadero, aquél que interpretaban Russell y Havlicek y que ahora interpretan Kidd y Divac. Fulgurante, agresivo, cambiante, sin un momento de tedio y sin machacona insistencia en poner en cada ataque el balón en manos de una o dos estrellas, rodeadas de gregarios, para que boten y boten y se abran paso a culadas, y acaben metiéndola a capón...

Sí, es una final sin ningún caché histórico, salvo para aquellos que recuerden que estos Kings son el mismo club que los Cincinnati Royals que con Oscar Robertson fueron los desdichados y eternos rivales de los Celtics mucho antes de que los Lakers lo fuesen , y que estos Nets ya ganaron títulos jugando a velocidad de infarto, aunque fuese en otra liga ya olvidada, la ABA... pero con una figura inmortal, Julius Erving.

Lo que sucede es que la historia es muy bonita en deporte, pero por mucho que uno se rija por la nostalgia lo que cuenta son los esfuerzos y el espectáculo de hoy. Y hoy la verdad la predican New Jersey y Sacramento: apostar por ellos es apostar por el futuro de un baloncesto moderno y, a la vez, clásico.

 

© cbjuandeaustria.com, 2002
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