| Syracuse, brillante campeón de la NCAA
Publicado en el diario Marca (08-04-2003)
PETER SÁNCHEZ DE COS
Los Orangemen de Syracuse, liderados por Carmelo Anthony
y Gerry McNamara, se proclamaron campeones de la NCAA al
derrotar a la Universidad de Kansas por 81-78. Un colosal tapón
de Hakim Warrick a Michael Lee, con
menos de dos segundos por jugar, evitó que los Jayhawks forzaran
la prórroga.
Los últimos minutos del partido estuvieron presididos por los nervios
y los fallos en los tiros libres de Syracuse. Por ello, Kansas mantuvo
opciones hasta el final. Primero, Carmelo Anthony desaprovechó un
uno más uno. Luego, Warrick falló dos tiros libres que hubieran
sido decisivos pues quedaban 13 segundos para el término del choque.
Los nervios parecían hacer acto de presencia en los jóvenes de Jim
Boeheim.
‘El Helicóptero’, de lo más oportuno
Kansas atacaba con la opción de lograr la igualada e ir a los cinco
minutos suplementarios. La primera opción era la de Kirk Hinrich
y los naranjas lo sabían. El base-escolta estuvo muy bien marcado,
pero supo encontrar a un hombre abierto en la esquina, Lee. Para
desgracia de éste, la ayuda defensiva corrió a cargo de Hakim ‘Helicóptero’
Warrick. Los larguísimos brazos del ala-pívot interceptaron el tiro
de manera espectacular. A Lee se le hizo de noche. Aún restaban
1,5 segundos, pero el forzado tiro de Hinrich ni siquiera
tocaba el aro. Syracuse se alzaba con el título.
Jim Boeheim puede decir ahora que a este partido no le sobraron
4 segundos, como al que disputó ante Indiana en el 87. El técnico
contó con las buenas actuaciones de sus debutantes, Anthony y McNamara.
Carmelo Anthony estuvo soberbio: 20 puntos, 10 rebotes y 7 asitencias.
Gerry McNamara, por su parte, logró 18 puntos, todos ellos anotados
desde más allá de la línea de tres puntos (6 de 10). Además, Billy
Edelin, también ‘freshman’ añadió 12 tantos más. Sin duda,
unos novatos que no temen a nada ni a nadie.
Carmelo Anthony sigue sin despejar la duda de su futuro. Lo que
no admite dudas es, precisamente, el enorme futuro del joven alero.
Ayer demostró que lo tiene todo para triunfar: técnica y mente.
Ante Kansas exhibió un repertorio de lo más variado: tiros lejanos,
de media distancia, rebotes, penetraciones, pases magistrales, actitud,…
Williams, técnico perdedor
Jim Boeheim, técnico naranja, no dudó en afirmar que “jugamos la
mejor primera parte posible”. En el otro lado, Roy Williams
no consiguió quitarse la cruel etiqueta de ‘técnico perdedor’, cruz
que arrastra a pesar de llegar muy lejos todos los años. Más perdedores
parecen otros. Williams quiso elogiar, ante todo, “la actitud” de
sus chicos. Ahora ya sabe que una etapa ha concluido y que ya no
contará con Collison y Hinrich en sus filas el año que viene,
un motivo más de tristeza para el preparador.
Roy Williams tendrá ahora que decidir qué hace con la más que atractiva
oferta que tiene sobre la mesa de North Carolina, sus orígenes baloncestísticos.
Con Kansas tiene la espina clavada de no haber logrado un título
y quizá ahí vea él una cuenta pendiente que le haga seguir.
Collison, la clase y la brega
Uno de los mejores del partido fue Nick Collison. El ala-pívot
lo dio todo hasta caer eliminado por faltas en el último minuto.
Sus 19 puntos, 21 rebotes, 3 asistencias, 3 robos y 3 tapones hablan
por sí solos. En el debe, únicamente, su desacierto en los tiros
libres (3 de 10), algo en lo que falló con estrépito todo el equipo
(12 de 30).
La primera parte del partido fue netamente dominada por Syracuse,
que llegó a ir mandando en el marcador por 18 puntos. La tan comentada
zona 2-3 de Boeheim funcionó bien y los tiradores rivales no tuvieron
su día (el 6 de 20 de Hinrich es más que elocuente). Sólo la lucha
a brazo partido de Collison (21 rechaces) y de Graves (16
puntos y 16 capturas) bajo tableros permitía enmendar el desacierto
ante el aro rival. Los dos jugadores interiores tenían un imán en
sus manos, pero ni los 15 rebotes más que lograron los Jayhawks
(49-34) sirvieron para hacerse con el triunfo. A los de Roy Williams
se les podrá achacar falta de acierto, pero nunca de tesón, fe o
lucha.
Ataque de ‘playground’
En muchos momentos del encuentro, el ataque de Syracuse parecía
sacado de un ‘playground’, a juzgar por la cantidad de ofensivas
resultas con acciones de uno contra uno. Sucede que con Anthony
o McNamara es facil resolver de esa manera. El alero se crea tiros
con una enorme facilidad. Y el base no mira la línea de tres para
ver si pisa o no; le da igual levantarse de siete que de ocho metros,
el sólo ve el aro. Algunas posesiones no duraban ni cuatro segundos.
Al descanso dominaban los Orangemen por 53-42. McNamara ya había
anotado sus 6 triples (en 8 intentos). Los 53 tantos del equipo
ganador en la primera mitad son la mejor marca conseguida en la
historia de la ‘Final Four’. Con eso queda dicho casi todo.
Kansas no tira la toalla
El problema para Syracuse en el tramo final del choque era la maltrecha
espalda de Carmelo Anthony. Kansas se acercaba en el marcador. Y
a 14 minutos para el término del choque, el marcador reflejaba un
inquietante 61-58. Los Jayhawks llamaban a la puerta. La transición
defensa-ataque, principal arma de los de Williams, parecía empezar
a funcionar. Pero iba a ser un espejismo, Syracuse volvía a estirar
su renta y a siete minutos para el final el choque parecía resuelto.
No iba a ser así. Aún quedaba mucho tiempo y muchos nervios que
templar, si bien el desacierto en las jugadas decisivas de Kansas
iba a provocar que éstos se acercaran en el electrónico, aunque
de manera estéril. El 81-78 para Anthony y compañía iba a ser el
marcador que quedaría para la historia de la final. |