| Españolazo
Publicado en el diario As (08-09-2002)
ALEJANDRO DELMÁS
Ni diez personas quedaban en el Conseco Fieldhouse cuando una
imponente montaña de músculos de ébano brillante se echaba a llorar
en el hombro de un americanote blanco con aspecto de burgués adinerado:
Ben Wallace, el apabullante center de los Detroit Pistons,
el tercer reboteador de la NBA, sólo podía encontrar consuelo en
las palabras de Rick Carlisle, su entrenador en los Pistons,
ex jugador de los Celtics.
“Ha sido tan duro, coach”, decía BW a Carlisle: así quedó la NBA,
hecha un valle de lágrimas, después de que España, en la madrugada
del domingo, enterrara los restos de su arrogancia en un ataúd de
plomo.
Ayer, una madrugada de septiembre de 2002, Gasol, Navarro,
Garbajosa y el resto de la selección española, creyó en el
triunfo en el último (??) día de Imbroda —los americanos
daban motivos—, pese a ir por debajo 50-40 en el descanso (triple
de Pierce sobre la bocina), 69-56 a comienzos del último
cuarto... y 71-59 en el minuto 34. La zona 1-2-2 de Imbroda no compensaba
los altibajos de Gasol y los problemas de España contra la defensa
estadounidense.
Ese 71-59 fue el testamento de la lastimosa selección de Estados
Unidos que en los últimos cinco minutos anotó... dos tiros libres
de Michael Finley, y en secuencias diferenciadas.
Parcial de los últimos seis minutos: 4-22, justo cuando la vibración
de Imbroda se transmitió como un rayo a unos jugadores que, de repente,
se vieron ante la victoria. Leni Riefenstahl lo hubiera
titulado: “El triunfo de la voluntad”.
En la última carga, Navarro cargó con la dirección y la anotación,
ante los estupefactos jugadores de George Karl, que
tiraban al segundo o tercer pase: a 1:36, España empató a 75, tiro
libre de Paraíso. A un minuto del final, sendos tiros libres
de Gasol valieron el 75-77. De vuelta, Pau falló otros dos tiros
de personal, pero Michael Finley no acertó con un triple. Otros
dos puntitos de La Bomba Navarro desde la línea de la misericordia
establecieron una diferencia insalvable. España era quinta y la
NBA saboreaba los placeres del infierno y el descrédito.
Shaquille O’Neal y Kobe Bryant no pueden arreglar
América: ellos son los verdaderos monstruitos del ególatra y maníaco
star system que tiene a la NBA como la tiene y ni siquiera
se molestarían en plantearse lo que se han planteado Michael Finley
o el pobre Ben Wallace. Y cuando Wallace lloraba sobre el hombro
de su entrenador en los Pistons, Rick Carlisle, los jugadores españoles
tomaban el centro de Indianápolis, entre las calles Maryland e Illinois:
faltaban las almas gemelas, Gasol y Navarro. Pensaban en la NBA...
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