| La ocasión la pintan calva
Publicado en el diario El Mundo (28-08-2002)
VICENTE SALANER
Un tiro en suspensión precipitado de Jasikevicius
es lo único que separó a Estados Unidos, a los herederos
del único y genuino Dream Team, de la derrota en semifinales
de los Juegos de Sydney en 2000. La hora de la verdad se va acercando,
y si no fuese por la presunta presión del público
en Indianápolis, el primer fracaso de un equipo nacional
estadounidense formado por jugadores de la NBA debería estar
más cerca que nunca.
De hecho, en esta ciudad hiperbaloncestística lo de Mundial
no significa apenas nada: es la primera vez que el campeonato se
celebra en suelo estadounidense, si no contamos el estado Libre
Asociado de Puerto Rico (1974), y en este país no existe
apenas conciencia de la importancia del acontecimiento. Ellos, hasta
hace nada, sólo conocían los Juegos Olímpicos,
y en éstos, la ritual paliza al resto del universo, con la
excepción del para ellos robo de Múnich en 1972.
El equipo de Estados Unidos afronta el Mundial con sólo dos
partidos amistosos a sus espaldas, una victoria fácil ante
China y otra engañosamente amplia (91-73) ante Alemania,
basada en una racha final de 12-0. La defensa le dio ambos triunfos,
pero lo que nadie dice es que los backcourts, los bases y escoltas,
de los equipos rivales eran muy modestos y suben el balón
con dificultad ante cualquier presión un poco seria. España,
Rusia, Argentina o Yugoslavia serán otra historia muy distinta.
El problema es que esto lo entiende sólo George Karl,
que lleva días desgañitándose para rebajar
el ambiente de suficiencia: "Si jugamos este campeonato como
un partido All Star, podemos perder; si lo jugamos como los playoffs,
ganaremos". El problema de Karl es que a menudo le es difícil
hacerse entender por sus jugadores, y además aunque le entendiesen
no es seguro que el nivel de talento de esta selección sea
suficiente como para superar a todos los rivales. No olvidemos que
ningún miembro de los dos primeros quintetos All-NBA de la
temporada está en este equipo, y sólo Ben Wallace
(duro pero limitado) y Jermaine O'Neal, del tercero,
aparecen en una selección sin demasiado tiro contra las defensas
en zona y sin un Shaquille O'Neal para desequilibrar el juego
ofensivo.
Todo esto lo saben los rivales. Es la ocasión soñada
para derribar al mito, ¡y en su guarida! Pero otra cosa es
pasar del dicho al hecho... |