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Latrocinio a la pequinesa

Publicado en el diario El Mundo (25-08-2008)

VICENTE SALANER

Ramunas Brazauskas y Carl Jungebrand son los chicos para todo de la FIBA Europa (y de la ULEB: no nos engañemos). Son árbitros competentes pero, sobre todo, son políticamente correctos: siempre saben cómo hay que pitar los partidos decisivos. Los conocemos bien. Ambos han perpetrado actuaciones memorables, en la fase final de la última Euroliga sin ir más lejos. Al argentino Pablo Estévez lo conocemos menos por estos lares, pero en América desempeña un papel similar de chico fiable oficial. En su país, Argentina, lo tildan de mejor árbitro del mundo, aunque no sabemos en qué rifa le ha tocado ese título. El caso es que estos tres buenos chicos culminaron ayer el atraco que se ha venido pergeñando a lo largo de este torneo olímpico. Había que reavivar el decaído interés estadounidense en el baloncesto FIBA, había que aportar un granito de arena a la brillante operación de marketing del Redeem Team, del equipo de la redención.

Pues el granito de arena, innecesario mientras el brillante conjunto montado por Mike Krzyzewski (pronunciación, señores de TVE: shu-SHEV-ski) barría a la oposición, resultó imprescindible cuando España, en un partido grandioso, emocionante, superó lesiones y decepciones. (Sí, el físico de Raúl López definitivamente no está ya a la altura necesaria para un baloncesto de este nivel y su elección ha sido el único error de Aíto García Reneses: pequeño y ligero, su rapidez mercurial fue la que lo llevó a la NBA, pero ha quedado patente en Pekín que las lesiones, por desdicha, se la han robado). España hizo todo lo necesario para derrotar a los americanos. Todo, salvo pitar el partido. O, más bien, dejar de pitar, como hizo el Trío Calaveras cuando los norteamericanos se saltaban las reglas de juego. Fue una vergüenza, un baldón para la credibilidad de una FIBA rendida a los pies de David Stern.

No es ya que se ignoren esos pasos de salida que en la NBA se toleran (se toleran a veces, porque también allí están en el reglamento como infracción), es que se toleran cosas que -contra lo que creen algunos ignorantes de este lado del charco- allí están hoy totalmente vedadas, como es empujar con el antebrazo en la defensa en el poste bajo. A los pívots americanos les han dicho que en la FIBA el empujón está OK... y se han aprendido la espuria lección. Es decir: les perdonaron (¡como muy poco!) una docenita de pérdidas cruciales.

Ya sabemos que, atléticamente, los norteamericanos son superiores. Pero esto no es atletismo, ni halterofilia, ni lucha libre. Si, porque son mejores atletas, se les permite además saltarse las reglas, ¿qué oportunidad hay para quienes juegan con la cabeza más que con las piernas? Es como si dijésemos que, como Dwight Howard salta estupendamente, vamos a dejarle taponar todos los tiros en el momento de entrar en el aro: es tan bonito el show que da pena estropearlo...

Frente a todo ello, la desaparición de la Federación Española en el seno de la FIBA -qué declive desde los tiempos de Raimundo Saporta, cuando éramos alguien...- convierte en ilusoria toda idea de prevenir estos atracos con advertencias serias a los trencillas, y no digamos de dejar en evidencia la manipulación con una vigorosa campaña, en el seno de la Federación Internacional y en los medios informativos, con pruebas (¡tan evidentes, tan fáciles de demostrar!) de la fechoría cometida. Para que nuestros chicos tengan, a lo mejor, una mejor oportunidad en 2010 y en 2012.

Pero de esta FEB pusilánime bien hay poco que esperar. Pone la otra mejilla hasta el punto de censurar y suprimir las reacciones de sus propios jugadores ante el arbitraje. Ayer, en su sitio de internet, recogía unas declaraciones de Felipe Reyes reducidas a estas dos frases: "Nos vamos contentos con el trabajo realizado y ha sido una lástima que al final no hayamos conseguido la victoria, pero debemos estar muy satisfechos. Estoy muy contento por haber conseguido la medalla y por haber ayudado a mi equipo a conseguir algo grande".

Pero Reyes había dicho otras cosas bien distintas a la agencia Efe, que la censura de la FEB se encargó de borrar. Y reproducimos, esta vez sin tachones, lo que rezaba el despacho de la agencia:

"Si no llega a ser por los árbitros en vez de la medalla de plata tendríamos la de oro", dijo Reyes, muy crítico con el trabajo del trío arbitral, cuya actuación calificó de "decisiva". "Si les pitan los pasos que hacen, la defensa con manos que hacen y pitan todo, está claro que hubiésemos podido ganar perfectamente. Hemos estado a tres puntos a pesar de los árbitros y si hubiesen estado bien seguro que hubiésemos ganado, pero claramente", señaló. "Si los árbitros hubiesen aplicado las reglas FIBA hubiésemos ganado".

Le fallan un pelín la sintaxis y otro poco las cuentas (¡fueron dos puntos, ya en el último cuarto!), pero no el impecable análisis.

 

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