Vengo observando, normalmente con preocupación y a veces con irritación, como no se presta la debida atención a uno de los aspectos fundamentales del baloncesto: el tiro a canasta.
Nos pasamos horas y horas haciendo ejercicios de entradas, de bote, de pase, el fundamental pasar y cortar; trabajamos las fintas, la velocidad, la coordinación, la condición física en general y, por supuesto, los diversos tiros a canasta, ya sea en estático o en movimiento.
Sin embargo, parecer ser que nos conformamos con que los niños tiren y, si hay suerte, consigan encestar. Si el objetivo es ganar, parece ser que nos da igual la forma en la que se consiga, a costa de no mejorar los fundamentos individuales (que pasan a un segundo plano) y sí primar los colectivos.
Como profesor de Educación Física, y amante del baloncesto, tengo más dificultades en enseñar a un niño que ya juega al baloncesto que a otro que, siendo mínimamente coordinado, no ha jugado de forma organizada en su vida. Los primeros repiten insistentemente errores, tics aprendidos y no corregidos, agarrados cual lapas a su ego baloncestístico, creyendo muy erróneamente que ya lo saben todo (incluso imberbes alevines), y solo porque son globalmente mejores que el resto de sus compañeros. Sin embargo, los segundos, los que están teniendo los primeros contactos un tanto reglados con nuestro deporte, son esponjas que absorben con prontitud las indicaciones del maestro, y con unas cuantas explicaciones tienden a ejecutar de forma correcta lo enseñado y, así, dar el primer y decisivo paso para obtener visibles resultados y avances significativamente más rápidos que aquellos que practican el baloncesto hasta cuatro veces por semana.
Modificar una mecánica de tiro lleva relativamente poco tiempo cuando el niño está aprendiendo a jugar. Si su experiencia es ya de algunos años, resulta más complicado, pero en unos meses es una cuestión resuelta. Pero cuando observo a jugadores de categoría infantil, cadete, júnior o incluso sénior, tiendo a preguntarme quién o quiénes han sido sus entrenadores, y por qué no han invertido una temporada en trabajar un aspecto esencial para el futuro, y así no limitar la progresión de un jugador en un aspecto tan fundamental del juego.
Hay que insistir todos los días en la correcta ejecución de los movimientos, luego, los resultados traducidos en la mejora de los porcentajes llegarán por sí solos. Es, simplemente, una cuestión de tiempo.
Quiero creer, bueno… necesito creer, que todos los entrenadores saben cómo debe ser una correcta, una ortodoxa mecánica de tiro. Y, por supuesto, que ya les duele el paladar de tanto repetirlo en los entrenamientos. Sin embargo, aplicando el viejo refrán de “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”, me permito recordar una serie de aspectos básicos.
Y, por supuesto, que hagamos una correcta flexión de piernas que nos ayude a ejecutar con la fuerza suficiente el movimiento, que el brazo de tiro quede totalmente extendido, al tiempo que con la muñeca se le da el efecto adecuado al balón, finalizando con los dedos mirando al aro (ver imagen de Yao Ming),… y bla, bla, bla.Pero de todo esto ya hay mucha bibliografía, y es fácil encontrarlo en Internet, como la siempre interesante sitio que mantiene el ya veterano Tarso, que lleva años insistiendo desde su web en la correcta ejecución de los movimientos. Aquí dejo el enlace para que los que tengan dudas refresquen conceptos.
http://www.ctv.es/USERS/tarso/Curso05.html
Además, entrenar el tiro es una experiencia gratificante, porque implica tener un balón en las manos, y marcarse el objetivo placentero/frustrante de encestar, que suele ser lo que más gusta a los practicantes de nuestro deporte.
Luego, el entrenador ya le explicará al jugador lo que es una buena “selección”, o el jugador, si es inteligente, se dará cuenta de cuándo debe tirar, cuál es el momento oportuno para intentarlo, pero para llegar a ese momento antes hay que saber cómo hacerlo correctamente.
Para finalizar, dejo un par de un par de ejemplos del gran Michael Jordan, que consigue la canasta ganadora en la final de la NBA de 1998 ante los Utah Jazz (su sexto anillo), utilizando una mecánica perfecta, pudiéndose apreciar como una vez efectuado el lanzamiento, aún se queda unos instantes con el brazo “ejecutor” elevado.
El jueves día 6 de mayo, Diario de Alcalá publicaba una entrevista con nuestro entrenador del equipo de 1.ª Nacional masculina.
Juanjo López comenta someramente lo acontecido con el equipo, y lo que a su juicio pueden ser las causas del descenso de categoría. Si analizamos todo lo dicho por él se podría resumir en:
Todo eso referido a la situación del equipo. Exclusivamente del equipo.
De esas cinco cuestiones discrepo abiertamente en tres (1.ª, 4.ª y 5.ª), y estoy totalmente de acuerdo en las dos restantes. Pero eso no es la causa de este comentario.
Más adelante, y sigo desgranando la entrevista a Juanjo, le preguntan si “está bien gestionado el baloncesto a nivel base en Alcalá”, a lo que responde:
A continuación le preguntan “de quién dependen los entrenadores de las escuelas”, y dice:
Por último, le inquieren por el motivo de que esos centros educativos hayan optado por tener escuelas de nuestro club, y no de Hercesa, a lo que responde:
Con posterioridad, el pasado martes día 11, en la sección de Cartas de los lectores del mismo Diario de Alcalá, Roberto España Parrondo, gerente del C.D. Hercesa, envía una misiva que no tiene desperdicio. La resumo.
Según España Parrondo:
Bien, pues hasta aquí lo que dice uno, y lo que dice otro.
Y ahora viene lo mío, y que se centra en el gravísimo problema que tiene España (el país, y el gerente) de lectura comprensiva. Desde que se impuso la LOGSE, aunque ya antes, con la fenecida LGE que trajo a España (el país, no el gerente) la EGB, los problemas para entender textos de varias generaciones de ciudadanos han ido en aumento. El caso de España (el gerente, no el país) es paradigmático de la situación.
Independiente de que lo que diga Juanjo López nos guste más o menos, y estemos o no de acuerdo con sus afirmaciones, lo que refleja la deposición de España (otra vez el gerente), es que no es capaz de comprender lo que lee. Mezcla churras y merinas, confunde el culo con las témporas, ve gigantes donde sólo hay molinos, e infiere cosas (pajas mentales dirían otros) que ni por asomo se pueden desprender de lo dicho por nuestro entrenador.
Como España (ya siempre el gerente), le dedica algún consejo a Juanjo López, no me puedo resistir a darle también alguno. Le podría explicar, incluso “en plan Barrio Sésamo”, lo que dice nuestro entrenador, pero supongo que ya es mayorcito (no tengo el gusto / disgusto de conocerle), y que si sus entendederas le dejan por unos minutos libre de prejuicios, podrá volver a releer la mencionada entrevista y, si la LGE o la LOGSE no han causado daños irreparables, podrá llegar a comprender de una forma básica y más cercana a la realidad, lo que en ella realmente se dice.
Si cree España (sí: el gerente), que contestando a aficionados que viven el baloncesto como una pasión, sirve para justificar el latisueldo deportivo que le permite llegar a fin de mes y pagar la hipoteca, es que ha perdido el norte (si alguna vez lo ha tenido), o que tiene mucho tiempo de holganza, o que intenta minimizar sus carencias como gestor utilizando la que él mismo denomina “táctica intencionada”, al poner en marcha el ventilador, y que la mierda nos salpique a todos. El viejo recurso de volver la oración por pasiva es muy manido y, como se puede comprobar, todos sabemos hacerlo.
¿Y para ese tipo de deposiciones se necesitan profesionales en el deporte de base?
Virgencita, virgencita, que me quede como estoy.
Cualquiera que lleve cierto tiempo más o menos cerca del mundo del baloncesto habrá podido observar que, a medida que el número de jugadores se va incrementando, las condiciones en las que se desarrolla el juego se van endureciendo. No quiero apuntar a ningún culpable de lo que está sucediendo, porque no creo que ninguno estemos libre de culpa, pero sí me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre las posibles causas de lo que sucede y, si es posible, apuntar alguna solución.
Por empezar por algún lado, me gustaría poner las cosas en contexto. No es necesario irse a grandes grupos, ni sacar el problema a niveles a los que no tenemos acceso. Basta con fijarnos en lo que tenemos más cerca, es decir, nuestros equipos y nuestros clubes. Normalmente los niños y niñas se “apuntan” a jugar por alguna de las siguientes razones:
■ Alguien conocido o de la familia lo practica / ha practicado. Esto incluye a amigos o compañeros del colegio. El niño copia el comportamiento.
■ Alguien les ha contado lo divertido y bueno que es practicar deporte, y más aún el baloncesto por los innumerables valores y beneficios que aporta. El niño quiere probarlo.
■ Lo han visto en la tele / publicaciones / anuncios y les ha llamado la atención (les han “vendido el producto”). El niño “compra” el producto.
■ En su zona (donde viven o donde estudian) hay mucha gente que juega a baloncesto y es una forma para ellos de integrarse o, simplemente, de no sentirse apartados. El niño quiere integrarse.
■ Papá y/o mamá les apuntan para que hagan algo después del colegio, evitando así en lo posible las malas compañías. El niño se aleja de las malas influencias y entra en un ambiente más saludable desde el punto de vista del comportamiento.
Aunque hay algunas posibles causas más, ¿cuántas veces averiguamos la motivación del niño para practicar baloncesto? Aunque pueda parecernos una pregunta algo tonta, tiene muchísima importancia porque si desaparece dicha motivación habrá muchas posibilidades de que el niño deje de practicar baloncesto.
Puesto que normalmente cada club mantiene unos determinados valores, la forma de conseguir que los niños no abandonen la práctica de nuestro juego es:
a) Reforzar los motivos por los que empezó a jugar, si están alineados con los valores del Club.
b) En caso de que no exista dicha alineación, intentar sustituir las causas originales por otras más factibles de conseguir, pero suficientemente buenas como para que el niño no pierda el interés.
Este planteamiento que estamos desarrollando nos lleva al título del artículo. ¿Realmente estamos formando a los jugadores? ¿Qué sucede cuando la victoria en un partido se antepone a otras cosas que, en principio, eran más importantes? Tengamos en cuenta que, muchas veces, no sólo tenemos que convencer a los jugadores, sino a los propios padres.
Dejarnos llevar por la pasión del juego o la victoria hace que muchas veces perdamos de vista lo que realmente importa, que no es otra cosa que la formación del jugador. Y no me refiero sólo a la formación en baloncesto, sino en aquellos valores que consideramos importantes y que, a veces, dejamos de lado.
Los entrenadores, dentro del trabajo diario, debemos tener en cuenta estos aspectos. Intentemos, cada vez que diseñamos o programamos los entrenamientos, no olvidarnos de este tipo de cosas. Ayudará a que los jugadores se desarrollen más rápido y se diviertan más, y vayan creciendo poco a poco dentro de nuestro mundillo de una forma más controlada. Recordemos que todo se asimila más fácilmente cuando se hace de forma divertida.
Pensemos en la formación dentro del baloncesto. Cuesta muy poco y sus beneficios son enormes. Para los niños y para nosotros mismos.