| Crónica de una derrota anunciada
Escrito para www.cbjuandeaustria.com (06-04-2003)
Creo que era Felipe II el que dijo aquella frase de "no
envié a mis barcos a luchar contra los elementos",
cuando le comunicaron las causas de la destrucción de su
armada, luego llamada irónicamente por los ingleses, "invencible".
Pues algo así es el sentimiento que le queda a uno tras presenciar
el encuentro que ha disputado nuestro sénior en Rivas.
Cada vez que el equipo se levantaba sucedía algo que invertía
la situación, y de ello se encargaban los colegiados, pero
sobre todo el alcalaíno Hugo. Para demostrar que uno
es buen árbitro debe laminar sistemáticamente al equipo
de su ciudad, aquel con el que ha crecido pitando, ese que le ha
pagado su progresión. Técnicamente no me parece un
mal árbitro, pues domina el juego, sabe de qué va
esto, tiene una posición adecuada en el campo y dialoga...
pero sólo con el equipo contrario. No pedimos, ni mucho menos,
parcialidad hacia nosotros pues no sería deportivo, simplemente
el mismo trato que el dispensado al equipo local.
El entrenador de Rivas dirigió perfectamente el encuentro:
protestó cuando lo estimó oportuno, paró el
juego con triquiñuelas efectivas (agua, lesiones, etc.),
manejó a los árbitros como quiso, paseó todo
el rato hasta el medio del campo (e incluso dentro de la pista),
hizo todo tipo de aspavientos soportados estoicamente por los colegiados
y humilló al equipo contrario entregándole unos balones
infames para calentar. En suma: hizo lo que le vino en gana con
la anuencia arbitral.
Tras esto sólo queda impotencia, ver que no puedes hacer
nada pues cuando estás cerca de la meta alguien se encarga
de recordarte quién eres y dónde estás. Y con
eso ya hemos tocado techo. Nada más.
También, como decía Quevedo, viendo la decadencia
en la que se sumía su querida España, "no
he de callar por más que con el dedo", al comprobar
que personajes antideportivos siguen practicando nuestro hermoso
juego. No es de caballeros, no es de baloncestistas la simulación
que han realizado los jugadores n.º 4 y n.º 15 de Rivas,
tirándose al suelo como si los hubiesen masacrado, como si
hubiesen recibido la más cruel de las agresiones. Personajes
de este estilo sobran. Bueno, no sobran, pero que se vayan allí
de donde nunca debieron salir: ¡futboleros!
¿Y nuestra afición? Un 10, no, mejor un 14. ¿Cuántos
clubes de la Comunidad de Madrid tienen 100 aficionados que son
capaces de desplazarse por su equipo y, además, animan sin
parar en todo el encuentro? Esperamos alguna respuesta, aunque creo
saber la contestación: uno, Juan de Austria, simplemente...
¡COOLTURA DE CLUB! |