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La conjura de los necios

Escrito para www.cbjuandeaustria.com (14-09-2003)

La temporada que acaba de terminar, y el éxito de algunos clubes como el nuestro en sus categorías inferiores, supone la puesta en solfa de una cierta casta de gente ligada al baloncesto que sólo se mueve, se ha movido y se moverá por dinero. El concepto altruista de deporte ha vencido. Dar sin esperar nada a cambio, sólo el placer de ser y sentirse parte de algo.

Los "profesionales del baloncesto de base", que abundan por doquier en toda la comunidad de Madrid, lo tienen difícil. Ya no les vale con reclutar jugadores y aplicar con niños, con jóvenes, la técnica del usar y tirar; curiosa teoría de la evolución de las especies en la que sólo los más fuertes sobreviven.

¿Dónde quedan los sentimientos?¿Es lícito reclutar a los mejores, e impedir al patoso, al gordito o al torpón de turno que pueda disfrutar de nuestro deporte, simplemente porque haya otro mejor que él? Para los "profesionales" esta respuesta sería afirmativa.

La línea de pensamiento imperante en nuestro club (los pretenciosos dirían "filosofía") es que ningún niño se debe quedar excluido, aunque venga un Michael Jordan infantil, alevín o benjamín. Todos deben tener cabida, aunque para ello sea necesario hacer más equipos y saturar las instalaciones.

El principio de selección natural que se tiende a aplicar en muchos clubes madrileños, apremiados por la necesidad de éxito, provoca el desanimo y el abandono de la práctica deportiva por parte de interesantes jugadores, buenos deportistas y excelentes personas, a los que les hicieron crearse unas ilusiones, y que por diversos motivos no han llegado a cumplir las metas que les marcaron, o fueron desplazados por otros que aparentaron ser más citius, más altius o más fortius.

Es habitual ver a entrenadores hablando de los jugadores como si fueran caballos. Salta, corre, encesta, asiste, rebotea, etc. Y pasean sus flamantes títulos, y hacen gala de sus extensos currículos, pero no asistieron a la clase de pedagogía o a lección de psicología, obviaron el trato humano, despreciaron el cariño, olvidaron la amistad y llegaron a la conclusión de que ya va siendo hora de que estos niños vayan aprendiendo lo dura que es la vida, pues si no soy yo el que les da el golpe, se lo dará otro.

¡Cuántos cadáveres de niños-kleenex cubren las pistas de insignes clubes madrileños!

Todo vale con tal de medrar. Sólo importa ser el primero. No se puede fracasar. Ganar, vencer, triunfar. Un sentimiento atávico que lo impregna todo de su “profesionalismo” y, encima, creen que están en posesión de la verdad, pues no tienen remordimientos.

Lo siento, no queremos ser como ellos y pedimos perdón. Pero mientras nos quede un mínimo de aliento lucharemos por humanizar algo que se nos está escapando de las manos, y tendemos a olvidar que sólo es un juego, una forma de diversión, de crear amigos para toda la vida, de fomentar hábitos saludables o llenar de alegría a los que nos rodean.

Con eso nos conformamos, que no es poco.

 

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