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La mano de Pepu

Escrito para www.cbjuandeaustria.com (03-09-2006)

No, no me estoy refiriendo a lo bien que ha sabido llevar al equipo nacional, con un tacto personal y profesional admirable, con guantes de seda, planteando de forma perfecta toda la preparación y, sobre todo, la final. Lo más fácil es referirse a su planteamiento táctico, sus tres o cuatro primeras defensas, sus rotaciones, o el ser parte importante de que el grupo de amigos, que ocasionalmente forman la selección, se divierta jugando para unos colores, para un país.

Pero hay una imagen que me ha quedado grabada, que no la voy a olvidar. Cuando suena el himno nacional, con los jugadores agarrados cantando el "lolo lolo...", él lo escucha de forma íntima, con la mano en el corazón. Sí, ya sé que su padre había muerto la noche anterior, pero ya era hora de que en un gran acontecimiento en el que hemos ganado, alguien con su peso específico hiciera un gesto tan patriótico, y que tan a menudo vemos realizar con envidia a los deportistas de otros países.

Ya va siendo hora de que nos dejemos de esas pequeñas estupideces nacionalistas, o de una Transición en la que estaba muy mal mirado hacer alardes con la bandera de España. Los que ya tenemos unos cuantos años y que vivimos aquellos tiempos, no supimos disfrutar de los éxitos de los 70 o de los 80, pero ahora sentimos sana envidia de que nuestros jóvenes puedan arroparse sin complejos con nuestra bandera, y se muestren orgullosos de pasear la enseña nacional sin miedo a que les llamen fascistas, pues la bandera, nuestra bandera, es patrimonio de todos independientemente de ideologías. Y ha tenido que venir un señor "mayor", y un grupo de 12 jugadores y amigos de procedencia variopinta, para que por unos días volvamos a identificarnos con nuestra nación, con España. Pero afortunadamente el deporte tiene estas cosas.

Como dijo el propio Pepu tras la victoria ante Argentina: carpe diem. Gracias, muchas gracias por hacernos vivir unos días maravillosos, aunque el 3 de septiembre de 2006 siempre permanecerá en nuestro recuerdo.

 

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