| Mi no compender
Escrito para www.cbjuandeaustria.com (16-11-2006)
Muchos de los aficionados españoles al baloncesto ahora
nos hemos hecho de equipos de la NBA. Antes, cuando aquello nos
parecía algo inalcanzable, teníamos simpatías
por algunos de ellos. A unos les gustaba el estilo Auerbach
de los Celtics; otros preferíamos el showtime de
los Lakers; a los guerrilleros les iba la marcha de los Bad
Boys, y los más jóvenes sucumbieron a la magia
de Air Jordan.
Todo
cambió con la irrupción de Gasol,
pues nos hicimos 'a muerte' de los Grizzlies. Cuando llegó
Calderón compartimos nuestro corazoncito
con los Raptors. Ahora que lo han hecho Sergio Rodríguez
y Garbajosa ya tenemos que estar pendientes de
3 equipos y repartir nuestras filias.
Pero también la llegada de los dos españoles a Toronto
nos ha servido para abrirnos, aún más, los ojos al
baloncesto que se practica en la NBA. Los Raptors, muy internacionales
ellos, siguen teniendo los viejos tic de los USA, y para los europeos
nos resulta muy desconcertante.
Si un jugador lo está haciendo bien se le mantiene en pista,
y punto. Si está cansado se le rota, pero pronto vuelve a
jugar. Con Sam Mitchell, el entrenador del conjunto
canadiense, a los veteranos aficionados se nos rompen los esquemas,
se nos alteran las neuronas y nos sacan de quicio sus rutinas.
De base titular pone a su flamante fichaje, T.J. Ford.
En el minuto 9 del primer cuarto lo cambia por Calderón,
al que vuelve a sentar a mediados del 2.º, aunque esté
jugando 'de lujo'. Evidentemente el quinteto de partida en la 2.ª
parte vuelve a ser el inicial (una norma no escrita que no terminamos
de comprender), y cuando faltan dos o tres minutos para que acabe
el 3.er cuarto vuelve a salir el extremeño. Aunque siga jugando
bien, pues lleva una temporada muy buena, hay que poner en pista
al titular, y si hay que tirar por la borda una ventaja se tira,
y si el partido está equilibrado pues se desequilibra, a
favor del contrario claro. Y, mientras tanto, Calderón y
Garbajosa se muerden las uñas y hacen declaraciones políticamente
correctas al finalizar el partido.
Por ahora seguimos como el título de aquel viejo programa
de televisión de finales de los 70: "Mi no comprender".
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