| WHISTLE-WARS PRESENTA:
WHISTLE-MAN O
EL PODER DEL SILBATO
Hace mucho tiempo en una
Galaxia lejana, muy lejana...
Episodio IV -
Una nueva esperanza
Javier Skywalker siempre había querido ser un aguerrido
guerrero sideral. Desde que él recordaba había acariciado
secretamente la posibilidad de ser alguien poderoso y respetado
en la Galaxia (basquetbolera, para más señas). Sin
embargo, el camino hasta ese momento había sido duro y la
fortuna no le había sonreído. Había intentado
ingresar en la Orden de los Basketball Players, pero a pesar de
su denodado esfuerzo nunca consiguió destacar.
Pero el destino, ayudado por el Espíritu
del Silbato, tenía grandes planes para él. Una noche
calurosa de verano, agobiado por
sus deseos oscuros de poder y ser alguien, descubrió su vocación:
"Seré árbitro", se dijo a sí mismo.
"Recorreré la Galaxia impartiendo justicia con mi silbato-láser
y derrotaré a las huestes de la Orden Basquetbolera Rojilla,
foco del mal y enemigos de todo lo que es bueno y justo". Y
así, Javier Skywalker luchó batallas que, gracias
al "Poder del Silbato" que poseía y al "Espíritu
de la Regla" que siempre le acompañaba, consiguió
decantar hacia su lado.
Pero las batallas sólo eran
un preludio a la Gran Guerra Galáctica, que estaba pronta
a suceder. Y Javier Skywalker se preparó
como nunca dispuesto, de una vez por todas, a terminar con un grupo
que persistía en su afán de ser protagonista por encima
de
él, y de robarle el respeto al que tenía derecho.
Y comenzó la Gran Guerra, una como nunca había visto
la Galaxia Basquetbolera y que, para el bien de todos, sobre todo
de él mismo, sólo podía tener un final: la
derrota total y absoluta de la Orden Rojilla. No bastaba, como bien
sabía Javier Skywalker, con la derrota en la batalla. Tenía
que asegurarse de que nunca volvieran a levantarse, e identificó
con clarividencia manifiesta a los malvados jefes de la Orden Rojilla:
el emperador malo-malote-malíiiiiiiisimo Morillus
y su lugarteniente, el pérfido
Darth A. Suárez, maestro del "Cambio-Bodiroga"
e imbuído por el poder del Trabajo-en-los-entrenamientos.
Era imprescindible eliminarlos para tener oportunidad de derrotarles.
Y comenzó la batalla,
y en ella Javier Skywalker demostró que los largos periodos
de preparación no habían sido en vano. Rápidamente
mostró sus armas, fintando acá, atacando allá,
replegándose momentáneamente para tomar un respiro,
y esperando el momento de dar la estocada mortal que decidiría
la Guerra.
Y el momento llegó.
Tras una jugada rápidamente
sancionada en contra de la Orden Rojilla (aunque no lo sea no importa,
el fin justifica los medios) escucha una voz proveniente de la Nave-Banquillo
Insignia de los malos-malotes-malíiiiiiiisimos (más
conocida como El Banquillo de la Muerte) que le ataca con "Hombre,
ha sido pasos".
"¿Pero cómo?",
piensa nuestro héroe, "¿es posible que me haya
equivocado?." Momentos de duda siembran su pensamiento haciendo
peligrar la misión, pero el Espíritu de la Regla está
con él, y a su lado el Poder del Silbado. Y en su mente escucha
susurros que le dicen:
"Utiliza la Técnica,
Javier. Adelante, Javier..."
Ahora no tiene dudas,
y usando su mejor arma ataca una, dos, tres... hasta cinco veces
para terminar con su enemigo. Y observa con satisfacción
como las huestes malvadas de la Orden Rojilla van cayendo una tras
otra, y al final la victoria es suya, sólo suya. Y piensa
"SOY EL MEJOR, NADIE PUEDE CONMIGO. DESDE AHORA Y EN ADELANTE
SÓLO HABRÁ UN HÉROE Y SERÉ YO, JAVIER
SKYWALKER."
Y le conocerán
como Javier Skywalker, azote de Rojillos y adalid de la justicia
arbitral, Whistle-Man batallador inasequible al
desaliento, imbuido por el Espíritu de la Regla y ayudado
por el Poder del Silbato, y bajo su certera hoja caerán todos
aquellos que, en su ignoracia, quisieron pensar algún día
que ellos también merecen respeto en la batalla de los Campos
del Baloncesto. Y fenecerán aquellos que, en su soberbia
infinita, pretendieron robarle protagonismo y una gloria para la
que, sin duda, había nacido y sido destinado.
Nota: Cualquier parecido
con la realidad es pura coincidencia. LA REALIDAD ES MUCHO PEOR.
Dedicado a Javier Arbex, con cariño. Recapacita,
querido, que nuestro Club no te ha hecho nada y tú no debes
ser el protagonista de esta historia. Nos vemos en Federación.
|